sábado, 26 de noviembre de 2011


En aquel tiempo dorado nuestros pescadores partían hacia una mar feraz, los dioses de las profundidades les eran propicios y las mujeres los despedían con sus hijos en brazos y una sonrisa beatífica en el rostro. La mar siempre era calma, los vientos propicios, los faros velaban sin descanso y los peces buscaban las redes de nuestros hombres. En aquel tiempo dorado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario