sábado, 14 de septiembre de 2013

El fantasma

Contempló aterrada al fantasma. No temía que viniera del otro mundo, que surgiera de los páramos de la muerte, que hubiera atravesado los laberintos por los que un alma transita para retornar, para desmorirse y mostrarse ante los ojos de otros, para ser de nuevo otro frente a alguien.

No temía nada de eso. Ni lo que pudiera hacer; al fin no era sino una sombra, una nube, un cendal de niebla.

Lo que la aterraba era que venía de este mundo, que era una criatura de este mundo. Y su dolor y su tristeza reflejaban que el mundo no cesaba con la muerte, que el dolor y la tristeza, la duda y la miseria persistían más allá. Que este mundo de materia y el otro de sombra y niebla eran la misma cosa.


Y también temía su belleza.
Y le aterraba no saber por qué.

No hay comentarios:

Publicar un comentario